Con su comentario en su propuesta sobre la modificación en el número de escaños del Parlamento Autonómico, Barreda quiere el enfrentamiento entre Guadalajara y Cuenca

El comentario que hizo el otro día Barreda en el Parlamento Autonómico, para justificar su intención de sumar un diputado más a Guadalajara, declarando que no se puede permitir que Guadalajara, con más población, tenga sólo 7 diputados mientras que Cuenca, con menos, tiene 8, recuerda a lo que dijo Jordi Pujol cuando se quejaba del trato hacia Cataluña.

En aquel desagradable comentario, el entonces presidente de la Generalitat Catalana, se quejaba y establecía una comparación con nuestra tierra, diciendo, “es que Cataluña no puede ser como Cuenca…”,  para explicar la diferencia que requiere Cataluña en el trato fiscal –por población, por actividad laboral y por renta per cápita-

Poco tardaron los cazadores del voto, liderados por Bono, en expresar con ausiones y ataques enfervorecidos hacia la persona del “honorable”, su indignación por lo declarado, y la exigencia exhibicionista del propósito de enmienda del encausado.

Lo malo de entonces y de ahora, de las desagradables declaraciones del uno y del otro, es que responden a una realidad que desgraciadamente les da la razón.

Si el primero se acordó de Cuenca, porque es el paradigma del subdesarrollo en cualquier parámetro que tenga que ver con la riqueza, la industria, el empleo, las infraestructuras, la sanidad, la educación…; el segundo, para establecer a la provincia de Cuenca como término negativo de la comparación, seguro que en el fondo de su pensamiento se representaba el mismo escenario.

La diferencia estriba en que, mientras lo dicho aquel verano de 2002 lo hacía un político desde la lejanía; lo que se expresa ahora lo hace uno de los mayores responsables de que Cuenca sea siempre el motivo fácil de comparación, de quien pretende argumentar mayor merecimiento de trato hacia otro lugar.

Es torpe la intervención del presidente de Castilla la Mancha el lunes en el Parlamento Autonómico, porque además de asomar a la luz pública, por su propio reconocimiento, la caída de la población de la provincia de Cuenca, que es la única que sigue soportando el lastre de la emigración, por políticas discriminatorias que la han anclado en esa situación, mientras que el resto, que partía de la misma base en le momento de concebirse la Autonomía, ya lo han superado con creces, además de por eso, que ya es grave por sí mismo, por la enemistad a que puede dar lugar entre conquenses y guadalajareños que, como es lógico, nos sitúa en ambos extremos de la comparación.

Ya hay voces desde Guadalajara que se quejan, y posiblemente también con razón, del comunicado emitido por Independientes por Cuenca en el que se advierte que, si José María Barreda Fontes, presidente por delegación y candidato del partido Socialista a la Junta de Comunidades, quita un ápice de representatividad a nuestra provincia, estará poniendo un argumento más sobre la mesa, para que los conquenses pierdan definitivamente el menor resquicio de identidad con respecto a seguir perteneciendo a Castilla la Mancha, una comunidad que se inventó hace ahora 30 años, e inevitablemente nos conducirá a una reflexión seria sobre cómo seguir los caminos que nos separen de esta Autonomía.

Pero es que Cuenca ha perdido en estos venticinco años de existencia de Castilla la Mancha, más de 50 mil habitantes como consecuencia de las políticas que la han marginado en la mayoría de decisiones que afectan a la distribución de las inversiones que crean riqueza, y por lo tanto fijan o aumentan la población.

Las cinco provincias con sus capitales, partían de la misma situación de marginalidad y subdesarrollo. Sin embargo, después de estos años de aplicación del Estado de Derecho Constitucional, y el desarrollo de las autonomías; Cuenca, que se integró dentro de una Comunidad configurada sin un razón histórica, se encuentra muy alejada de los niveles de desarrollo que sí han conseguido el resto de las provincias.

Mientras que Toledo, Albacete, C. Real y Guadalajara eran provincias que soportaban igualmente el lastre de la emigración de su población, y ahora son claramente receptoras, desgraciadamente nuestra provincia se ha quedado sola en ese desafortunado parámetro, fruto de las políticas tremendamente austeras para nuestra tierra.

No es cierto que Guadalajara haya sido marginada de la manera que Cuenca, Guadalajara ha conseguido inversiones estratégicas tanto de la Junta, como del Estado, con las que no contaba en la situación preautonómica, hecho que ha motivado un desarrollo que no solamente se explica por su cercanía a Madrid, pues su ubicación geográfica es una realidad inalterable como es lógico.

Guadalajara partía de la misma situación de subdesarrollo y abandono que la provincia de Cuenca. Sin embargo, su evolución, que ya debería haber sido acompasada a la de Madrid en la época precostitucional, ha sido muy superior en los últimos tiempos.

Efectivamente Guadalajara se ve calaramente influída por su cercanía a Madrid, pero eso no es algo nuevo, como tampoco lo es el desarrollo eclosivo que se produce en la Capital de España desde mitad del siglo pasado; algo que, en esos tiempos no se reflejó en un crecimiento de Guadalajara, sino más bien al contrario.

Ya desde el inicio del contexto autonómico, se producen una serie de decisiones que marcan de forma definitiva las diferencias. Por ejemplo; Cuenca, que contaba con la Caja de Ahorros con mayor potencial económico y mayor pujanza, en cambio es descapitalizada en pro de una fusión que le perjudica, y que solamente beneficia a las cajas de Toledo y Albacete que se encontraban en situación precaria -la de C. Real había sido adquirida anteriormente por la de Cuenca-. Y eso fue fruto exclusivamente de una decisión política que se materializó el 26 de junio del año 92. Era la descapitalización de la provincia de Cuenca y, por tanto, la pérdida definitiva que el control de una entidad pública, que adiministra el capital financiero, supone en cuanto a la repercusión para el ejercicio del poder político. Mientras que Guadalajara mantiene su Caja y, así, su autonomía financiera, lo que le hace mantener el control decisorio sobre ciertas inversiones estratégicas.

Por otra parte; Cuenca, que se encuentra a mitad del camino recto entre Marid y Valencia, y que es limítrofe con todas las provincias de Castilla la Mancha, es esquivada cada vez que se plantea una vía moderna de transporte, tanto por carretera como por ferrocarril, hecho que no sucede con Guadalajara, que desde el primer momento cuenta con unas comunicaciones adecuadas para que han estimulado su potencialidad.

La situación geográfica de Cuenca también es privilegiada, pero los avatares de la política nacional, condicionada por los nacionalismos, y el beneficio que Albacete obtiene de los mismos, al situarse en la arista del nuevo triángulo económico emergente que traslada su vértice de Valencia hacia Alicante; a lo que se suma la política de la Junta, que con Bono o Barreda en la presidencia, siempre ha utilizado esa inercia para favorecerla, llevan a Cuenca a una situación de aislamiento aún mayor que en épocas anteriores. Pierde la comunicaión ferroviaria prioritaria entre Madrid y Valencia al quedarse sin los trenes talgo y el abandono de sus vías; y también se queda sin la Autovía Madrid-cuenca-Valencia, que ya había sido pubicada en el BOE, por una decisión tomada en un acuerdo a tres bandas entre los catalanistas Borrell y Serra, miembros del Gobierno de Felipe Gonzalez, y Lerma, por aquel entonces presidente de la Genralidad valenciana.

En el momento actual, y de cara a los actuales prespuestos de la Junta, Guadalajara tiene destinados más de 130 millones de euros para lo que va a ser de hecho, más que un campus, la creación de una nueva Universidad -a pesar de tener a escasos km la de Alcalá-; que además contará con otros treinta millones de euros más para el polígono tecnológico que se va a desarrollar allí, como complemento de garantía de la mejor y más ajustada formación a las necesidades actuales del mercado laboral.

En Cuenca hay un campus en el que no existen titulaciones del ámbito científico y tecnológico; más bien al contrario, carreras de humanidades con pocas expectativas laborales.

Éstos, son sólo algunos retazos que marcan la diferencia en cuanto a las políticas practicadas a ambas provincias.

Aunque los culpables no somos los unos ni los otros, sino los gobernantes.

José Luis Collada

Portavoz Ejecutiva

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